martes, 6 de diciembre de 2011

Los cobardes nunca ganan.

Puede que no sea la más indicada para tratar el tema, pero esto es un blog, y tenía que hacerlo puesto que esto a todos nos ha tocado alguna vez.

Hay gente orgullosa que lo niega, pero todos tenemos miedo al rechazo. No es un miedo físico, como a las serpientes o a las arañas, este miedo sabe destruirnos y jodernos la vida.

“Si no lo intentas no ganas” No, claro que no, pero si lo intentas también puedes perder, y saber que esa persona no te va a querer en su vida es mucho peor que no saberlo y poderte ilusionar con ello.

Pero, todos queremos sentirnos queridos. Todos queremos querer a alguien, compartir con ese alguien nuestras debilidades, poder confiar en él. Y si no arriesgamos no vamos a ganar NUNCA. Porque lo bueno no es fácil, lo bueno es difícil de conseguir y hay que sudar por ello.

Pero ¿quién soy yo para hablar de esto?  Los cobardes nunca ganan…

sábado, 5 de noviembre de 2011

Tras esos ojos...




Sus ojos de un color apagado, denotaban tristeza, una tristeza muy profunda.  Con tan solo 16 años, había sufrido más que cualquier persona en toda su vida. Su piel era blanquecina, sus pómulos poseían un rojizo color que demostraba que todavía estaba viva, después de todo. Sus labios carnosos, inmóviles, se veían blancos, al igual que su suave tez.
Era una chica alta y delgada, bastante guapa, aunque ella, al mirarse al espejo, viese a la persona más fea del mundo. Su pelo oscuro caía en bonitos tirabuzones sobre sus hombros y espalda y le tapaba parte de los ojos. Sus frías manos descansaban en los bolsillos de su abrigo.
Su aspecto no era el de cualquier chica de 16 años, realmente aparentaba 22 0 23. Pero no sólo se quedaba ahí, cuando conseguías hablar con ella, y te dejaba ver cómo era realmente, descubrías que era una chica demasiado madura para su edad, preocupada por temas que muchos adolescentes no se plantearían. Mentalmente era mucho más madura que jóvenes que ya deberían serlo.
Dicen que a una persona se la pueda describir por sus vivencias, probablemente esta chica era una desafortunada. Una solitaria, que, en los tiempos que corrían, debía de andarse con cuidado. Incómodamente arraigada a esa fría y seca ciudad, no por gusto propio. Con ansias de descubrir mundo y de desatarse de todos los problemas que allí la sujetaban y la limitaban.
Con sueños imperecederos, que descansaban sobre sus hombros, los cuales, algún día, haría realidad. Estaba dispuesta a luchar por ellos. Con la mala suerte pegada en las suelas de sus zapatos, conseguía caminar sin resbalarse, prácticamente.
Estaba claro que esta chica tenía mucho que decir, pero poca gente quería escucharla.
Muchas más cosas que se escondían detrás de esos ojos de color apagado, que dejaré que tú mismo descubras, si alguna vez consigues cruzarte con ella por algún lugar del mundo.

lunes, 17 de octubre de 2011

Reflexiones, de estas que merecen ser compartidas.




El ser humano es un ser tan social que es incapaz de vivir cuerdo en la más absoluta soledad. Es tan estúpido que necesita a alguien para darle todo el calor que su cuerpo necesita. Pero ¿dónde estan los límites entre la locura y la cordura?, ¿quién los pone?

La gente tiende a calificar a los que piensan demasiado como locos. Califica como tales a los que tienen una visión alternativa de la vida, que al fin y al cabo es la única manera de llevarla y no hundirte en su miseria.
Pongamos como ejemplo a mi profesor de Filosofía (quién iba a ser si no un profesor de Filosofía). Sus explicaciones vienen preparadas de casa, llega con energía y recordando lo que se había preparado ya anteriormente y lo suelta todo, como si le pesase. En la "explicación" largos silencios que él utiliza para pensar son aprovechados por muchos para reirse de él, por lo bajini. Y luego, cuando trata de exponer su ideal o su filosofía, muchas cosas de las que dice son tomadas como bobadas pensadas por un chiflado.
Ahora bien, si cualquiera de esos ignorantes se pusiera a pensar un poco más a fondo sobre lo que habla, se darían cuenta de que no son tonterías ni locuras.

Pero la gente se dedica a cultivar su imágen exterior, víctimas de la globalización, y se olvidan de que el interior debe crecer al mismo tiempo que el exterior. Porque una persona que carece de inteligencia y capacidad de tomar decisiones por si misma, para mí, deja de ser persona. Es un corderito, que sige el camino balando, al igual que el resto de corderitos.

También hay que tener el cuenta que vivir en la más completa soledad no es sano. Hay que sentir en esta vida, ya sea felicidad, tristeza, dolor, alegría... hay que sentir. No podemos aislar nuestro corazón de cualquier sentimiento, y mucho menos hacerlo de todas las personas que le rodean. Por algo le llaman a esta vida la sentimental, ¿no?

Pero la humanidad está muy confundida. Se creen que los políticos y gobernadores les salvarán, cuando a estos lo único que les importa son ellos mismos y su dinero, que viene a ser el nuestro también. Estos peces gordos y, por decirlo así, la gente que está arriba de la pirámide del poder, se aprovechan de esa confusión. Por eso mismo pienso que lo correcto sería que cada uno de los seres humanos de la tierra supiensen pensar por ellos, esto no significa que no sean influenciados, pero que tengan en cuenta esa influencia, y, a parte de ella, sepan y puedan tener una idea, basada en premisas ya dichas anteriormente, repito, pero elaboradas por ellos mismos.

Así que abre los ojos,  y si los has abierto ya, ayuda a los que te rodean a que los tengan abiertos contigo. Probablemente no consigas cambiar el mundo, pero sí tu mundo, y eso es valioso.

Este es mi mensaje. Salud y compañeros.

sábado, 8 de octubre de 2011

Hoy es el primero del resto de nuestros días...






... y los quiero pasar contigo.

Tan dulce y tierno es el rubor de mis mejillas cuando me miras. Esa calidez que emanan tus ojos cuando se cruzan con los míos. Las mariposas vuelan alocadas en mi estómago cuando te veo y me acerco a tí. Anhelo tocar tu cara, simplemente rozarla con las puntas de mis dedos. No te puedo sacar de mi mente, y la melancolía invade mi corazón cuando te busco y no te veo en esa calle repleta de gente.

A veces pienso por qué es tan difícil que te des cuenta, pero supongo que estás demasiado rodeado como para fijarte en una simple chica que no llama demasiado la atención. Desearía ir, apartarte de todos y besarte tiernamente los labios. O simplemente desearía que leyeses todo eso y te dieras cuenta de que nadie te va a querer como yo lo haría si tuviera la opurtunidad.

Pero eso no es lo que más me preocupa, lo peor es lo que suceda después. Sólo espero el rechazo, y nada más. La soledad completa y la tristeza y la desolación. Porque prefiero no saber si me querrías o no a saber que te doy asco o que no quieres saber nada de mí.

Es tan frustrante verte hablar con otras chicas tan amigablemente, ver cómo las tocas y cómo sonries... y es que yo te quiero tanto. Me gustaría tener el valor suficiente para decirte, siemplemente, "hola" y sonreirte. Pero aparece un muro, en cuanto te veo, que me impide emitir nungún sonido audible a tus oidos.

Me gustaría cogerte de la mano y que nos largásemos por el mundo, a visitar lugares nunca vistos, y a ver atardeceres bajo los árboles, abrazados. Pero cada vez que pienso en ello, pienso en cuando te veo sentado en esa piedra fría, tan ajeno a todo el huracán que destroza mi interior, sonriente y tan guapo como siempre.

Ojalá leyeses esto y te dieses cuenta de todo. Pero eso va a ser improbable... muy improbable. Simplemente decirte que te quiero en mi vida y que me gustaría que me quisieses igual.

Con mucho cariño, la que te sueña cada día.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Gato de circo.







Unos espeluznantes ojos amarillos escrutaban desde la oscuridad de las carpas a todo aquel que osaba pasear por el lugar a aquellas horas de la noche.

El frío silencio sólo se veía interrumpido por el ruido de las verjas oxidadas del resto de animales que allí esperaban para deleitar al público en su próxima actuación.

El cortante aire agitaba violentamente los desnudos arbustos y árboles de la zona, lo que le daba un ambiente más lúgubre a la escena.

Y, mientras el tiempo pasaba, el animal de ojos amarillos seguía vigilando el lugar. Al pie de la carpa principal.

Luiggi, el dueño del circo, paseaba por los alrededores echando un último vistazo a sus pertenencias. Después de sentir un gran escalofrío recorriendo cada una de las partes de su cuerpo, cruzó, por equivocación, sus oscucros ojos con los brillantes del animal. Entonces, sus extremidades fueron incapaces de reaccionar y se quedó estático en el lugar unos minutos.

El oscuro animal salió de las sombras, acercándose poco a poco a Luiggi, que seguía como una estatua en el mismo sitio.

Era un gato, un gato negro y delgado, que se movía ágil entre la húmeda hierba. Con los ojos fijados en el hombre de largas y oscuras barbas. Se acercaba lentamente hasta llegar a pocos metros de los pies de Luiggi, para pasear lentamente en círculos a su alrededor.

El extraño animal de acercó a el camal de su  pantalón, para restregar su peludo y suave cuerpo por él y así dejar su olor en las ropas del mismo.

Otro tremendo escalofrío recorrió el cuerpo del, ya entrado en edad, hombre. Entonces, el gato volvió a las sombras de la carpa, para descansar y vigilar en esa fría y oscura noche.